Secuestrado en la Gran Muralla, Beijing (parte 3)

El día que decidí emprender esta vuelta al mundo, tenia muy claro que lo hacia por varios motivos. Por un lado esta era una oportunidad única para visitar muchos de los lugares que siempre me había gustado visitar, y que haciéndolo de una manera “tradicional”, viajando durante las vacaciones de verano o semana santa, hubiera tardado muchos años en visitar lo mismo que he visitado hasta ahora.

Por otro lado quería conocer a los auténticos habitantes de cada país, como viven, que costumbres tienen, que les gusta comer y su propia visión del mundo. Esto implica comer en lugares que no sabes lo que estas comiendo porque no entiendes el menú, pero a cambio recibes una deliciosa y gran ración de comida, a un precio ridículo comparado con los restaurantes turísticos. O tomarse una taza de te en casa de un simpático lugareño que solamente es capaz de comunicarse contigo usando el body languaje

Sabia que dando la vuelta al mundo, aprendería mucho, sobretodo porque no existe ninguna escuela que me pueda enseñar todo lo que he vivido hasta el momento, pero también era consciente de que existían unos riesgos que acepté desde el principio. Podía caer enfermo, me podían robar todo mi equipaje, podía perder la motivación por seguir viajando , o podía ser secuestrado. Y esto último fue lo que sucedió.

Días anteriores había estado preguntado precios para ir a visitar la Gran muralla, y la verdad que pagar 30€ lo encontraba demasiado caro y más después de leer que se podía hacer la visita utilizando el transporte público.

Ya he comentado en anteriores posts, que en la China es realmente difícil comunicarse con sus habitantes, ya que muy pocos hablan inglés, así que les pedí a los del hostel donde me hospedaba, que me escribieran en un papel, “Gran muralla” y Mutianyu que es el pueblo donde tenia que bajarme del autobús para finalmente llegar a mi destino con un autobús local.

No tuve ningún problema en llegar a la estación de autobuses de Dongzhimen y encontrar el autobús numero 867. Como me esperaba 2 horas de viaje aproveché para dormir un poquito. No sabia muy bien donde tenia que bajarme, pero un amable ciudadano chino se había ofrecido a indicarme donde tenia pararme.

Me despertó alguien diciéndome que esa era mi parada, y como no sabía donde estaba y habían pasado casi dos horas desde el inicio del viaje, salí del autobús medio dormido y desorientado.

Cuando el autobús se fue me di cuenta que el lugar no era como yo esperaba, ya que realmente esperaba encontrarme en una estación de autobuses, pero en realidad se trataba de una sencilla calle en un pueblecito.

No pasó ni 30 segundos que apareció alguien dirigiéndose a mi preguntando en un sencillo inglés ” great wall? great wall? “. La conversación fue muy precaria, pero en resumidas cuentas el personaje en si, decía ser un taxista que me podía acercar hasta la gran muralla. Le dije que no que mi intención era llegar con un autobús, pero el repetía una y otra vez que no habían autobuses que me pudieran llevar. Como no le creí, fui a preguntar a los 4 negocios locales por la estación de autobuses, pero nadie entendía lo que estaba preguntando, simplemente se dedicaban a afirmar con la cabeza, cuando les mostraba el papelito con los nombres de Mutianyu y la gran muralla.

No tenia ni idea de donde me encontraba y menos de como llegar a la supuesta estación de autobuses, ni si esta realmente existía. El taxista no se separaba de mi, así que como él era la única posibilidad de llegar a mi destino, entré en el proceso de negociación. Finalmente acordé el equivalente a 20€ para un viaje de ida y vuelta de apenas 20 km, toda una estafa, teniendo en cuenta, que en Beijing estaba pagando 6€ por un viaje de 45 minutos. Lo mejor que conseguí negociar fue pagarle al final del viaje de regreso al pueblo una vez visitada la muralla.

Desde un principio tenia claro que se trataba de un taxista pirata. Vamos, un chino que utilizaba su vehículo privado para ejercer de taxista, sin tener licencia , y en cuando vi el coche, salí de dudas definitivamente.

Al llegar a la gran muralla, me encontré con un montón de autocares de tours privados, un buen numero de vehículos privados, y más “taxitas” como el que yo había contratado sus servicios.

Compre el ticket de entrada, que incluía el acceso utilizando un telesilla, y por un poquito más, encontré divertido la posibilidad de poder regresar utilizando un trineo con ruedas bajando por un canal de hormigón en medio de la montaña.

Acceso a la gran muralla con telesilla

La gran muralla es espectacular y realmente se hace difícil comprender lo duro que fue su construcción para la población de la época. Literalmente este impresionante monumento discurre por una zona montañosa, siguiendo fielmente el relieve de los puntos mas altos del terreno.

Como os podéis imaginar hay que estar un poco en forma para poder recorrer la muralla, ya que a veces el perfil que recorre es de autentico vértigo.

De autentico vertico es subir y bajar por esas escaleras

Como la temperatura ambiente era alta, decidí comprar una botella de agua, a uno de los cientos de negocios ambulantes que hay en la muralla. Se tratan de personas con una nevera que tienen todo tipo de bebidas frías. Hablando con el dueño del “negocio” , le pregunté porque no había ningún autobús que llegara desde Mutianyu hasta la muralla, y por mi sorpresa, el me contestó que si que había autobuses, pero que estaban en un parking situado a 1 km de la ventanilla de los tikets.

Que calor! dónde esta el bar?

Era hora de regresar, así que fui a buscar el trineo con ruedas y debo decir que disfruté como un niño bajando con el trineo. Tal como llegué, fui directamente a preguntar a la taquilla de los tikets, como llegar al parking de los autobuses públicos.

Trineo con ruedas, una gran turistada, lo reconozco, pero me lo pasé genial

Me indicaron que debía caminar 1 km por la carretera. Justo en ese momento apareció el “taxista” preguntándome si todo estaba bien. Le dije que no pensaba volver con él , ni mucho menos pagar por el servicio que me había ofrecido ya que si que existían autobuses. Entonces se puso a hablar en chino, con la chica de la taquilla, no pude entender exactamente de que estaban hablando, simplemente se que después de 30 segundos, la mujer cambió su respuesta, y me dijo que no habían autobuses publico, lo único que había eran autobuses privados.

Ahora ya no me creía a nadie, pero lo que tenia muy claro es que quería comprobar por mi mismo si existían o no estos malditos autobuses públicos, así que empecé a andar hacia el supuesto parking, que tampoco estaba muy seguro ni se existía. El “taxista” me seguía de cerca preguntándome una y otra vez a dónde me dirigía, yo simplemente me negaba a contestar. Finalmente me paré y le dije otra vez, que sabia que me estaban engañando y estaba convencido que había algún autobús y él repetía una y otra vez que no había otra elección que regresar con él.

Finalmente se puso delante mio y me bloqueó el paso. Me propuso un trato que nunca debía haber aceptado. Estábamos a escasos metros de su coche y me dijo que me llevaba a donde yo quisiera a comprobar si había algún autobús público que me llevara a mi destino, con la condición que si había alguno me podía ir libremente, pero si no el me llevaría a Mutianyu y allí podría coger el autobús de regreso a Beijin, pero a cambio le debía pagar lo que acordamos desde un principio.

No me preguntéis porqué, pero acepté.

Así que ya en el coche, el taxista hizo lo que habíamos acordado, se dirigió dónde en se suponía que estaba la estación de autobuses. Yo no tenia ni idea donde estaba esta estación, simplemente conocía la dirección, pero a los pocos dos minutos me di cuenta que no estábamos camino de la estación sino del pueblo. En ese momento le grité que parase el coche y así lo hizo. Salte del coche dando un portazo , y empece a andar deshaciendo el camino hecho con el coche. Caminaba rápido sin mirar atrás. De repente noté como alguien me agarraba impidiendo que siguiera andando, al girarme obviamente era el taxista.

En ese momento tenia pocas opciones, continuar forcejeando o ceder. La cabeza me iba a toda velocidad trabajando en lo que podía pasar. Por un lado sabía que el resultado de continuar forcejeando, terminaría con al menos un herido y ese podía ser yo. Por otro lado ceder implicaba “calmar” la situación e implícitamente eso me daba tiempo para pensar en como salir de esa situación. En último momento pensé que me quedaban pocas horas en la China y que llegar al control de inmigración en Canadá con heridas visibles podía complicar continuar viajando. Así que opté por ceder y el hizo lo mismo.

Estábamos en medio de la carretera y su coche a unos metros de distancia ocupando todo el carril. En pocos momentos diseñé un plan para salir de la situación, esperaría hasta que pasara alguien para pedirle ayuda. No recuerdo como continuó la conversación, lo único que recuerdo es estar haciendo tiempo hasta que alguien apareciera por al carretera, pero como el señor Murphi impone sus leyes como quiere, pasó más de media hora hasta que el primer coche apareció. Intenté pararlo poniéndome en medio de la carretera, pero me esquivó. Por otro lado el secuestrador solamente intentaba evitar que me fuera de regreso hacia la estación de autobuses, así que muy pegado a mi, parecía no importarle que intentara parar algún coche.

Pasaron más de dos horas, y tras el último intento de parar a un coche de policía sin éxito, decidí desistir, aceptar pagar lo que me pedía el secuestrador y finalmente después de llegar al pueblo coger un autobús de regreso a Beijing.

Al llegar a Beijing, fui directamente a una comisaria de policía a contar lo sucedido, pero como me había pasado durante toda mi visita en la China, estos solamente hablaban chino. Decidí regresar al hostel para que escribieran en chino lo que había sucedido. De regreso a la comisaria me dijeron que no podían hacer nada, que tenia que ir a la comisaria de Mutianyu. Como quedaban pocas horas para que mi vuelo se fuera, decidí que lo mejor que podía hacer, era olvidarme del suceso y aceptar que simplemente no podía hacer nada.

Reflexionando sobre todo lo sucedido, tengo la suerte de poder decir que posiblemente este fue un secuestro de broma y muy económico. Quizás no valdría la pena llamarle ni secuestro aunque encaje perfectamente con la definición del mismo. Esta fue una mala experiencia, pero me sirvió para aprender. Si actué correctamente o no, es algo que no se decir de una manera clara. Los sucesos podrían haber ocurrido de otra manera. Quizás mejor, o quizás peor, pero lo hecho , hecho está y esto fue lo que sucedió.

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One comment

  1. […] Por supuesto, no podía irme de la China sin visitar la Gran Muralla, pero eso se merece un post a parte, para explicar toda su grandeza y tambien com fui secuestrado. […]

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