Siem Reap, primeros auxilios (parte 1)

Primeros auxilios

Por desgracia, cada día ocurren situaciones en las que un ser humano muere por falta de información. Ante un ataque al corazón, una embolia, o un ataque de epilepsia, es básico saber reaccionar a tiempo, mantener la calma y actuar con decisión. No hay tiempo para las dudas. Observar, identificar y actuar correctamente puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte.

 

Mario, Peke y un servidor, acabábamos de pasar unos días en Rabit Island, en los que compartimos los últimos días con Adir. Nuestro objetivo era llegar a Siem Reap y visitar los increíbles templos de Angkor. Compramos un billete y tras cambiar de autobús en Phnom Pen nos acomodamos y preparamos para realizar un trayecto de 10 horas. El trayecto empezó sin complicaciones y nos distraíamos charlando, escuchando música y mirando por la ventana.

Apenas habíamos recorrido 2 horas de viaje, cuando los tres únicos turistas de aquel autobús nos percatamos, que algo no iba del todo bien. Un hombre mayor se había levantado de su asiento, y poco a poco, se estaba retorciendo en medio de pasillo mientras su cuerpo empezaba a temblar y su expresión facial nos enviaba una señal de auxilio.

Como si de un resorte automático se tratara, saltamos de nuestros asientos sabiendo muy bien lo que estaba ocurriendo. No hizo falta hablar, quizás fueron nuestros conocimientos en primeros auxilios aprendidos en algún cursillo del colegio, o quizás era de esos escritos que lees en alguna página de Internet, la wikipedia, o el facebook, pero los tres sabíamos claramente que este hombre estaba sufriendo un ataque de epilepsia.

Como si lo hubiésemos ensayado miles de veces, cada uno de nosotros se ocupo de una tarea. Por un lado Mario, el más rápido en reaccionar, volvió a si su asiento en busca de un bolígrafo, que casualidades del destino pocas horas antes, se lo acababan de regalar. Mientras Peke miraba de calmar al anciano y evitar que se autolesionara con sus temblores, yo corría hacia el conductor, para que detuviera el autobús.

Al regresar, Mario ya le había puesto el bolígrafo en la boca, para evitar que se tragara a lengua.

Me sumé a Peke ayudándola a contener los espasmos del hombre y mirar de calmarlo de alguna manera. Por si no estábamos entretenidos suficientemente, un par de camboyanos (los únicos entre todos los pasajeros), se sumaron a ayudarnos, pero de una manera curiosa, básicamente se dedicaban a dar palmadas por todo el cuerpo del anciano en busca de “interruptor mágico” que lo hiciera volver a la normalidad.

Poco a poco, y con el autobús en marcha (ya que según el conductor no se trataba de “nada grave”), el hombre se fue recuperando mientras permanecía, bajo nuestra supervision, y la de algunos camboyanos. Finalmente con el anciano ya a medio recuperar, pudimos volver a nuestros asientos. Fue en ese momento cuando nos percatamos de lo que eso había significado para el resto de pasajeros. Entre todos ellos, no había ni uno solo que hablara un idioma con el que podernos comunicar con palabras, pero en la forma como nos sonreían y nos miraban, nos hicieron entender en ese lenguaje mágico sin palabras, que sin nuestra ayuda algo peor habría pasado. De entre todos ellos, el propio anciano desde el suelo del pasillo del autobús, con su especial mirada de ojos vidriosos , también nos daba las gracias.

Tras un tiempo, en una de las pequeñas expediciones que hacíamos para comprobar como se encontraba el anciano, nos percatamos de algo que nos marco. El anciano tenia en su pierna una clara marca que me puso los pelos de punta. Maldita sea, ese hombre tenia la lepra!! Mario se había manchado as manos con la sangre del anciano al ponerle el boligrafo en la boca, por otra parte Peke y yo, lo habíamos estado sujetando por todo el cuerpo, y nuestras manos habían estado en contacto con esas manchas en su piel. No teníamos nada con que limpiarnos las manos, y hasta una hora después que no llegamos a un restaurante de carretera, no pudimos desinfectarnos las manos.

La verdad estuvimos preocupados por nuestra futura salud, ya que no teníamos ni idea de como se contagia la lepra. Finalmente después de llegar Siem Reap, nos tranquilizamos al informarnos que esta enfermedad no se transmite tan fácilmente. Por un lado hace falta que los genes del receptor y el enfermo, estén predispuestos a recibir y dar la enfermedad. Por otro lado también hace falta estar expuesto a la enfermedad un periodo más prolongado del que estuvimos nosotros.

Así que una vez tranquilizados nos fuimos a dormir, con una gran sonrisa al saber que ese día, habíamos hecho algo por la vida de alguien.

About the Author: Ferran
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